Cómo hablar con los niños

Hablar con los/as niños/as. Algo tan cotidiano y tan espontáneo puede facilitar la vida de la familia si sabemos cómo. Hablar implica comunicarse, que según la segunda acepción de la RAE es: Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor.

¿Por qué resalto “código común?

Porque, en ocasiones, desde nuestra mirada adultocéntrica, no somos capaces de ver que los/as niños/as no son adultos en miniatura y que dependiendo de la etapa del desarrollo en la que se encuentren serán más o menos capaces de expresarse y de procesar según qué información.

Además estoy convencida de que la percepción de la importancia que la infancia tiene en nuestra sociedad tiene un efecto importante en la forma en que nos comunicamos. Así, les haremos más o menos partícipes de nuestras decisiones, les explicaremos el porqué de ellas, y nos ocuparemos de que entiendan lo que les decimos.

Entonces, ¿cómo hablo para que niños y niñas escuchen?

Lo primero que debes hacer es saber en qué etapa se encuentra y eso solo puedes hacerlo desde la observación, el contacto y tu intención de interactuar. Aunque te explico las tres etapas de adquisición del lenguaje en la que puedes guiarte por la edad aproximada:

etapas del lengüaje infantil

Además antes de pasar a los consejo para hablar con los niños y niñas, quiero profundizar en otro aspecto importante:

¿Cómo te hablas a ti misma?

Es que dependiendo de cómo te trates a ti misma y cómo sientas que eres tratada, así emitirás tus mensajes (si eres hombre y me estás leyendo, por favor, siéntete incluido en el femenino).

Lo ideal sería mantener una comunicación asertiva, que como ya explicaba en este post sobre comunicar a familiares y amigos que no quieres visitas en el hospital, es la

estrategia para poder comunicar tus sentimientos, peticiones, opiniones y derechos de forma directa, sin herir, sin sentirse herida, desde la sinceridad y con claridad.

La asertividad y la autoestima tienen una relación tremendamente estrecha. Es decir, la forma en que nos valoramos, el concepto que tenemos de nosotras mismas, el amor propio, influirá en el modo en que nos comunicamos y el mensaje que enviamos, tanto de forma verbal como de forma no verbal.

¿Te has fijado que cuándo estás estresada y no te sientes en tu mejor momento es más fácil que pierdas la paciencia? Esto daría como resultado una comunicación poco eficaz aunque la intención sea buena.

Si a todo esto le unimos el hecho de que nos estamos intentando comunicar con niños/as, que tienen una habilidad fantástica para procesar el lenguaje no verbal como el tono y la posición corporal, pero que están desarrollando aún la capacidad de comprensión del lenguaje verbal… podemos terminar gritándoles, o usando palabras que tienen una carga emocional negativa.

Por carga emocional me refiero a la capacidad que tienen ciertas palabras de generarnos emociones positivas o negativas con tan solo leerlas o escucharlas. De hecho, los profesores Waldman y Newberg, de la universidad de California, demostraron que las palabras negativas activan la amígdala, una parte del cerebro relacionada con la alerta y que además modula la liberación cortisol, la hormona del estrés.

Por este motivo, si empezamos a tener un discurso amable con nosotras mismas, mimarnos, a cuidar nuestro diálogo interno, estaremos influyendo en la forma en que nos sentimos y en nuestra comunicación.

Deja las rumiaciones, quiérete.

Las rumiaciones son pensamientos negativos o catastróficos a los que no paramos de darles vueltas en nuestro pensamiento. Consisten en dibujar distintos escenarios malos para un acontecimiento de manera constante. Resultan muy agotadores y estresantes.

Estarás pensando que decirlo es muy fácil pero ¡se puede! Si quieres puedes visitar este post en el que te dejo algunos tips y que le tengo especial cariño por se el primero que publiqué.

Ahora sí. Teniendo claro que la forma en que te relacionas contigo mismo va a influir en cómo te relacionas con las demás personas:

¿Cómo hay que hablar para que niños y niñas escuchen?

Este es mi decálogo:

-Asegúrate de que te está mirando. Para ello puedes pedirle que te mire a los ojos, pero lo ideal es que te coloques tú a su altura para establecer contacto visual.

Cuéntale lo que vais a hacer de forma clara, hazle partícipe, involúcrale. Si lo que quieres es que haga algo simplifícaselo y espera a que lo haya hecho para hacerle otra petición sin que interfiera.

-Usa un tono amable, si se acostumbra a reaccionar a base de alzar la voz entenderá que nada es en serio hasta que grites. Además de que los gritos son perjudiciales para su autoestima, pues generan miedo e inseguridad y a largo plazo personas sumisas, con poca capacidad de defenderse. Vaya, todo lo contrario a la asertividad…

Cambia tu discurso negativo, recuerda el poder que las palabras tienen en las emociones. Por ejemplo, si está jugando debajo de la mesa, en lugar de decirle “te vas a golpear la cabeza” puedes decirle “mantente atento/a cuando te pongas de pie o quieras salir”.

Te invito a que hagas un experimento. Anota en una libreta el número de veces que le pides a tu hijo/a que “NO” haga algo. Seguramente lo haces para proteger su integridad física pero puedes darle compañía en algunas ocasiones y en otras reformular tu mensaje.

Escúchales lo que tienen que decirte. Siempre. Para ellos/as es importante. Hay quien piensa que deben aprender a respetar turno. Yo no. ¿Una niña de tres años debe pensar que la conversación que su papá tiene con otra persona adulta es más importante que lo que ella quiere decirle o mostrarle? Desde luego que no. Cuando llegue el momento lo aprenderá, dejemos de tratarles como adultos/as pequeños/as cuando nos conviene.

Empecemos a darles su lugar, a concederles su espacio y a escuchar lo que tienen que decir.

-Dales feedback a sus respuestas o interacciones.

Explica los motivos por los que tiene o tenéis que hacer las cosas. Quizás en plena rabieta no pueda escucharte pero sí más tarde.

No des/califiques. Si algo no te ha gustado explícale por qué no te parece bien su comportamiento en lugar de naturalizarle con un adjetivo. Por ejemplo, está lanzando por los aires la ropa que acabas de doblar. En lugar de decir que es malo/a, un bicho, un trasto… cuéntale que has hecho un esfuerzo para doblar esa ropa que está limpia. De paso puedes involucrarle y podéis doblar entre los/as dos, no como un castigo, sino como una tarea cotidiana que se hace en casa.

-Recuerda usar “por favor” y “gracias”. Son personas que se merecen nuestro respeto.

-Deja de dar órdenes y pídeles lo que necesitas. “¿Me das el vaso, por favor?” en lugar de “dame el vaso”. Esa forma tan autoritaria de dirigirte está estableciendo una distancia entre tú y ella/él que tendrá repercusión en vuestra relación. Te estás situando en una posición de superioridad y si no te hace caso inmediatamente vendrán los gritos. Van unidos, obsérvalo.

¿Me cuentas si tienes alguna estrategia distinta?


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Escrito por

Detrás de MamaJuana Banana está Ester López-Turrillo, Psicóloga terapeuta experta en crianza, con una amplia formación en perspectiva de género y feminismo, y experiencia laboral en el mundo de la infancia. Pero sobre todo, sobre todo... soy mamá de dos niñas, que me aportan el mayor de mis aprendizajes, con las que crezco personalmente cada día. La crianza con apego es mi estilo de vida, todo un reto porque implica vivir despacio en los tiempos que corren, respetar el ritmo que mis hijas marcan adaptándolo a mis rutinas. ¿Os suena? La crianza de los/as hijos/as aunque preciosa, no es sencilla. Nos enfrentamos a retos continuos y situaciones que nos ponen a prueba, a diario, continuamente. Y como mamá (o papá) no nos encontramos siempre con los recursos necesarios para afrontarlos. Por eso, déjame ayudarte. Además, como acompañante a la maternidad, estaré contigo en cualquier momento del maravilloso proceso de crear vida: preconcepción, embarazo, parto, postparto. Siempre desde el respeto a tus propias decisiones, con confianza, comprensión, sin juicios. Mi misión es proporcionarte información; acompañarte en la búsqueda de la confianza en ti misma, de tu autoestima; trabajar la relación de pareja; hacer de tu proceso un momento brillante, para que lo vivas de manera consciente, aquí y ahora; trabajar los cambios que se producen en la  pareja y/o familia ¿Conoces Método NACES? También lo aplico. Es un método basado en el hypnobirthing que consiste en prepararte para dar a luz trabajando desde el inconsciente, de tal manera que cuando llegue el momento tu cerebro identifique que ya lo has experimentado y recuerde que tú, que tu cuerpo y tu esencia estáis preparados y sabéis hacerlo. Además de empoderarte para el parto también aumentará la complicidad con tu pareja o acompañante si así lo decides. Podemos hacer sesiones individuales presenciales u online, sesiones grupales e incluso el día del alumbramiento. Los cambios forman parte de mi vida, lo que me hace crecer continuamente. Actualmente me encuentro en Ciudad Real, donde podemos vernos en persona si te interesa. Pero siempre, siempre, siempre puedes contar conmigo a través de las redes. Así, desde la intimidad de tu casa, o a través del smartphone podemos contactar, resolver dudas, trabajar juntas/os, conectar. Bien por videoconferencia, a través del correo electrónico o incluso a través de una llamada de teléfono. Escríbeme a [email protected]

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