No quiero dejar a mi bebé

Cuando nace un bebé se despierta en algunas madres y padres un instinto visceral que crea malestar cuando alguien quiere cogerle o tan solo en pensar que tienen que alejarse. “No puedo dejar a nadie a mi bebé”, “no quiero que toquen a mi bebé” o el también popular “no quiero dejar a mi bebé en la escuela infantil (mejor ese nombre a guardería)”

Estoy segura que has conocido a alguna madre con este sentimiento, con una repentina aversión a dejar a su bebé a la suegra . O puede que tú misma lo estés experimentando en este momento.

La buena noticia es que todo pasa. Estás de suerte porque tengo más, y también son positivas: no tienes que hacerlo si no lo sientes así. Es tu bebé y tú decides.

He leído que algunas personas lo llaman “instinto de posesión”. A mí no me suena bien, me recuerda a una película de terror. Quizás, porque me parece más amable, porque creo que es más fácil de comprender, prefiero el término “instinto de protección”.

Este instinto de protección suele ir unido a la necesidad de mantenerse en contacto con el bebé. Y ese contacto, en ocasiones, se experimenta tan intensamente que el simple hecho de pensar en dejar al bebé para estar sola, causa malestar, rechazo.

 

El componente biológico por el que no quieres dejar a tu bebé

Las hormonas juegan un papel importante en todo esto. Tanto bebé como mamá generan gran cantidad de oxitocina, la hormona del amor. Esta es la encargada de generar una sensación de calma, de bienestar. Aparece cuando nos abrazamos o, en el caso de los bebés, cuando les cogemos en brazos.

La oxitocina está también presente en las madres. De hecho, tras el parto se produce un gran incremento que garantiza el vínculo madre-bebé, el subidón de amor que va a garantizar los cuidados maternos.

Si la oxitocina está tan presente, nos reconforta, es producto de la naturaleza, de nuestra esencia mamífera… ¿por qué luchar contra ese instinto? ¿por el hecho de no herir sentimientos ajenos? ¿y nuestros sentimientos? Es el momento del bebé, el momento de la díada mamá-bebé, del papá-bebé (si lo hay).

Asimismo, el contacto, la tranquilidad, procurar que esa oxitocina fluya y evitar el cortisol (la hormona del estrés) en tu bebé es sembrar las bases para el apego seguro (puedes leer más aquí).

no quiero dejar a mi bebé

El contexto: el otro componente que influye en por qué no quieres dejar a tu bebé

A parte de la biología además hay un componente contextual. Las circunstancias también van a determinar la forma en que reaccionemos. ¿Vives sola o con tu pareja o en tu casa viven también abuelos, tíos, suegros…? ¿Tienes una relación cordial, de cariño con tu familia o sientes que no hay buena sintonía? ¿Toman una actitud protagonista y opinan con “verdades absolutas”? ¿Sientes que te cuestionan o que no ponen interés en tus decisiones de crianza? ¿Nada más dar a luz han ido pasando a tu bebé de mano en mano sin tenerte en cuenta?

Sí, todas estas experiencias marcan y generan sentimientos desagradables, que vas a tener que encauzar poniendo límites. La comunicación asertiva, de la que ya hablé para dar herramientas cuando quieres comunicar que no quieres visitas en el hospital, es una buena estrategia que junto en la confianza en ti misma serán tus grandes aliadas. Fuera culpa.

Ahora bien, puede que tu sensación no sea tanto de “no quiero compartir a mi bebé” y más de “no me quiero alejar de mi bebé”. Si es así no lo hagas. Vas a recibir muchos comentarios explicándote que necesitas tiempo para ti, que tenéis que retomar la vida de pareja, que duermas, que vayas a la peluquería, que salgas sola… No, no, no. No lo hagas, si no lo sientes. El tiempo pasará. Dejarás de tener esa sensación. Te sentirás preparada tú y sentirás que tu hijo/a está preparado/a.

Si puedes quedarte con tu bebé, disfrútalo, pero sin culpa. Si necesitas explicarle a alguien que te quiera escuchar, hazlo. Si habrá un debate no fructífero que te va a desgastar emocionalmente, no entres.

Como adelantaba al principio del post, estas sensaciones se van desvaneciendo a medida que pasa el tiempo, a medida que cada cual va poniéndose en su lugar (o tienes que dar un empujoncito cariñoso). De hecho, el mismo tiempo te va a hacer buscar ayuda en forma de familia, de tribu, de amigos/as porque lo vais a necesitar tanto como ahora necesitas intimidad.

No quiero que toquen a mi bébe ¿qué hago?

 

Volver al trabajo y dejar al bebé

Estas sensaciones se presentan en otro caso: “No quiero dejar a mi bebé para ir trabajar”. Aquí, si tus circunstancias no te dejan alternativa porque desafortunadamente tenemos unas leyes terriblemente injustas en cuanto a conciliación familiar y laboral, entonces te puedes preparar de otra forma. Escribiré otro post dedicado en exclusiva a este tema pero te dejo unas pinceladas.

1)Busca el lugar que más se adecue a tu estilo de crianza. Pueden ser los abuelos o una escuela infantil. Sea cual sea: pregunta, explica, insiste, comunícate.

A veces nos bloquea el “que dirán”. Si te has quedado con la sensación de que te falta información o no ha quedado clara alguna inquietud por tu parte, no te atormentes. Tómalo como una oportunidad para superarte y vuelve a sacar el tema. No tienes que ser agresiva, ni tampoco asentir si no lo sientes.

2)Intenta hacer una adaptación gradual. Miriam Tirado hablaba de niños/as más grandes pero sus bases son estupendas también para escuelas infantiles. Poder permanecer en el aula (o casa de los abuelos) varios días para ir desapareciendo más tiempo, progresivamente, disminuirá la ansiedad de ambos. No creo que haya que separarse dos meses antes si podéis aprovechar ese tiempo juntos, pero tampoco esperes para hacerlo de un día para otro.

3)Habla, estáis conectados/as, te entiende. Cuéntale. Mantener una actitud positiva, que te vea tranquila le dará tranquilidad. Igual que lo hará intentar pasar todo el tiempo que puedas dedicándole a tu bebé en exclusiva.

4) ¿Tienes tribu? Busca “refugio”. Te arroparán.

 

¿Soy peor madre si quiero tiempo para mí?

No hay una forma correcta de ser buena madre. Tanto si no te quieres separar de tu bebé como si necesitas hacerlo. Mantener el respeto a tus hijos/as, física y psicológicamente es la base. Después, las circunstancias te marcarán el ritmo. Cuidarte es lo mejor que podrás hacer para cuidar de tus hijos/as. ¡Ojo! Para cuidarte primero has de escucharte. Pero no te quedes ahí, toma medidas y pasa a la acción.

A lo largo de la crianza de mis dos hijas he tenido todos estos sentimientos: el instinto de protección y el de búsqueda de silencio, de soledad. La comunicación efectiva de ellos me ha ayudado siempre. Expresarme con quien atañía y también con quien pudiera entenderme ha sido fundamental.

Pero también he tenido que combatir dos enemigos a los que tú, madre que me lees, enfrentas a diario como yo: la culpa y las opiniones ajenas. Son batallas que podemos ganar, que debemos ganar, porque esperan escondidas para asaltarnos cada día.

Cuéntame: ¿A ti te sorprendió el instinto de protección: “no quiero dejar a mi bebé” o durante el embarazo ya iba surgiendo?

 

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  1. […] su tiempo y en su medida, según lo vayamos sintiendo. En otro post hablaba de el instinto de protección que te impide alejarte de tu bebé. Hoy es el caso contrario: […]

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