Leche Materna

Se me desbordaba la leche. Salía a chorro, como un grifo.
Cuando oía llorar a un bebé se disparaba la alerta.
No podía estar separada de mi recién nacida porque no la podía contener (y porque no quería/podía. Honestamente).

Las camisetas se empapaban. Los pijamas chorreaban. Y los sujetadores, directamente, los dejé para contadas ocasiones hasta que el géiser paró.
Ahora, que hace algo menos de dos años que eso no me sucede, lo recuerdo con nostalgia.
Y se me dibuja una sonrisa en la cara imaginando el hilito de leche que caía de las comisuras de los labios de mis mandarinas; el sonido que hacían al deglutir deprisa; sus ojos entornados.

2019-05-17T19:06:13+00:00

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